Esta escultura llamada «El árbol de la vida», es una obra que simula la acequia “madre” que pasaba por los terrenos de Benipeixcar en Gandía, abasteciendo a las otras acequias más pequeñas que regaban los diferentes cultivos y, además, se alimentaba del río Vernisa.
El árbol está compuesto por el tronco y cinco ramas. El tronco representa la acequia “madre” y cada una de las ramas, los brazales de esta.
En cada una de las ramas cuelga un conjunto de botellas que simulan las hojas sobre las que se depositará agua, como consecuencia de la condensación de vapor de agua al bajar la temperatura con el rocío en la madrugada.
Asimismo, con el calor del día, se liberará goteando de las botellas, de manera que regará las plantas que hay justo debajo.
En cada macetero podemos ver en detalle algunos de los oficios de esta población derivados de la agricultura, como los cultivos de trigo que, posteriormente, eran molidos en el molino de Vicente Soler, el maíz y el aprovecho de sus hojas para dar de comer a las vacas, ya que muchos vecinos tenían vaquería.
Por otra parte, las viñas, de las cuales podemos obtener uva, puesto que en esta población se encontraba la bodega Vicedo, importante empresa que aprovechaba el agua de la acequia para limpiar las cubas de los camiones.
También encontramos el cacahuete y la hortaliza, que fueron plantaciones bastantes comunes. En cuanto al cacahuete, se dejaba secar y muchos aprovechaban la acera de delante de casa para secarlo. La hortaliza
se comercializaba en almacenes o se vendía en el prado.
Otro cultivo importante regado por el agua de las acequias fue el naranjo, cuyo fruto dio trabajo a muchos vecinos que la empaquetaban en los almacenes de esta población como los de Cayetano García, Francisco Ribes, Gonzalo y Vicente Orengo, entre otros.